Gorila en Hollywood: Los de abajo (1980), Gonzalo Suarez

Me levanté y me encerré en el cuarto de baño. Me sorprendió ver mi cara en el espejo y supongo que a la cara del espejo le sorprendería igualmente verme a mí. Ya lo dijo Pascal: « Dos rostros semejantes, que no tienen nada gracioso por separado, hacen reír juntos por su parecido. » Sin embargo no me reí. Un rostro como aquél era por sí mismo una pesadilla, ¿qué podía tener de gracioso ver dos iguales? Y yo « me veía » por dentro y por fuera, en reversible concordancia, como un calcetín al que se le da la vuelta para enfundarlo en el otro pie. No sé cuanto tiempo transcurrió mientras me contemplaba estúpidamente; mi vida entera se deslizó por mis pronunciadas orejas, mi pertinaz tristeza se columpió en mi nariz y todo se desvaneció de golpe y porrazo, con la rotunda certidumbre del bofetón.
[…]
Estaba ahora a cuatro patas y comprendí que era su culo lo que me recordaba a mi mujer. No exactamente el culo, sino los contornos del culo, algo así como si el culo tuviera un halo de santidad. Pues bien, el culo de mi mujer se asemejaba al culo de Isabel como el rostro de un santo románico al rostro de otro santo románico. Ignoro por qué extraña razón aquel cuarto de baño me traía indefectiblement a la memoria la frase de Pascal: « Dos rostros semejantes, que no tienen nada gracioso por separado, hacen reír juntos por su parecido. » Remedando la cuestión, « dos culos con semejante halo, podrían ser graciosos juntos, pero me producían tristeza por separado ».

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