Maenza filmando en el campo de batalla (1997), Pablo Pérez, Javier Hernández

José Antonio Román cuenta que él y otros amigos zaragozanos fueron a visitarlo a Alcañiz y lo encontraron esposado al sumidero del lavabo y custodiado por un simpático alguacil que había hecho muy buenas migas con el improvisado recluso. El funcionario no se explicaba cómo habían detenido a un « tío tan salao y tan listo », que además era capaz de devorar las obras completas de José Antonio Primo de Rivera que a él le había pedido; concluía el aguacil que se había hecho amigo suyo porque intuía que, cuando cambiara el régimen, aquel joven iba a pintar mucho.

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