Maenza filmando en el campo de batalla (1997), Pablo Pérez, Javier Hernández

José Antonio Román cuenta que él y otros amigos zaragozanos fueron a visitarlo a Alcañiz y lo encontraron esposado al sumidero del lavabo y custodiado por un simpático alguacil que había hecho muy buenas migas con el improvisado recluso. El funcionario no se explicaba cómo habían detenido a un « tío tan salao y tan listo », que además era capaz de devorar las obras completas de José Antonio Primo de Rivera que a él le había pedido; concluía el aguacil que se había hecho amigo suyo porque intuía que, cuando cambiara el régimen, aquel joven iba a pintar mucho.

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Tientos de erótica celeste: Sobre el diario parpadeo (ca. 1970s) – José Val del Omar

Sobre el diario parpadeo, todo marchitándose y todo naciendo
en un tiempo sin contorno
muerte y resurrección en pálpito incesante.
Un hervor pretende edificar lo eterno sobre la superficie de un río.
Precipitada ebullición
acelerada asfixia del alma en agonía.
Ser y no ser, eso es estar ahogándose, en permanente desgarro,
un pasar desesperado.

Sobre el torrente flota algo inmutable, suspenso…
como en un espejo he visto mi tiempo fluido
sobreimpreso, en un estanque.

Nieve, espuma, hervor y nieve
en pura cohesión de gota de rocío.

He visto una pizca de Dios en campo eléctrico.

Gorila en Hollywood: Los de abajo (1980), Gonzalo Suarez

Me levanté y me encerré en el cuarto de baño. Me sorprendió ver mi cara en el espejo y supongo que a la cara del espejo le sorprendería igualmente verme a mí. Ya lo dijo Pascal: « Dos rostros semejantes, que no tienen nada gracioso por separado, hacen reír juntos por su parecido. » Sin embargo no me reí. Un rostro como aquél era por sí mismo una pesadilla, ¿qué podía tener de gracioso ver dos iguales? Y yo « me veía » por dentro y por fuera, en reversible concordancia, como un calcetín al que se le da la vuelta para enfundarlo en el otro pie. No sé cuanto tiempo transcurrió mientras me contemplaba estúpidamente; mi vida entera se deslizó por mis pronunciadas orejas, mi pertinaz tristeza se columpió en mi nariz y todo se desvaneció de golpe y porrazo, con la rotunda certidumbre del bofetón.
[…]
Estaba ahora a cuatro patas y comprendí que era su culo lo que me recordaba a mi mujer. No exactamente el culo, sino los contornos del culo, algo así como si el culo tuviera un halo de santidad. Pues bien, el culo de mi mujer se asemejaba al culo de Isabel como el rostro de un santo románico al rostro de otro santo románico. Ignoro por qué extraña razón aquel cuarto de baño me traía indefectiblement a la memoria la frase de Pascal: « Dos rostros semejantes, que no tienen nada gracioso por separado, hacen reír juntos por su parecido. » Remedando la cuestión, « dos culos con semejante halo, podrían ser graciosos juntos, pero me producían tristeza por separado ».

Trece veces trece: Trece casos de cuya existencia física respondo, puesto que, por su brevedad, se pueden medir: Tres, Donde se demuestra que la tierra es esférica (1964), Gonzalo Suárez

El hombre no tenía nariz, ni ojos, ni boca.
Y el rostro estaba cubierto de pelo.
Me llamaron a mí, para que investigara.
La encuesta no fue tan sencilla como posteriormente pudierais imaginar.
Me proporcionaron el pasaje de avión, y volé hasta las antípodas. Y de allí volví al punto de partida.
Por la otra cara del mundo.
Era preciso actuar con cautela, puesto que en ello estribaba el éxito de la empresa.
Sólo así pude averiguar lo que averigüé, y redacté un informe de setenta y siete páginas.
Del cual se deducía que aquel hombre estaba de espaldas.

Enfances et adolescences dans le cinéma hispanique (2016), Bénédicte Brémard

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« Le cinéma actuel ne se contente donc pas d’offrir à l’enfant le rôle d’une victime suscitant empathie et compassion. C’est soit grâce à l’humour et l’insolence, soit grâce au recours à l’imaginaire que l’enfant va révéler sa capacité à résister à ce qu’on veut lui imposer. Sa spontanéité, assortie d’une marge d’impunité (parce qu’on le croit inoffensif), lui permet de mettre en avant l’absurdité du discours autoritariste (souvent dans un contexte de régime totalitaire). D’un autre côté, sa capacité à s’inventer des refuges, des mondes parallèles, lui donne aussi la force de résister à l’oppression: on rejoint alors l’univers du conte revisité, où les hommes sont pour l’enfant les pires des ogres. »

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(Images : El Sur (1983), Victor Erice)

El roedor de Fortimbrás (1965), Gonzalo Suárez

He pasado la tarde enseñándole a hablar. Previo examen meticuloso de sus órganos y a partir de lamentos inarticulados, he provocado ciertas frases coherentes que paso a registrar en este diario: « Las cuatro fases de la luna son mías« , « tengo la piel como dices del melocotón, y azúcar », « no estorbo y yo quiero, yo quiero », « díselo otra vez », « empiezo en ti, pero no acabo en « , « agua, por favor« .

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Hablaba del alma como de una medalla que se hubiera deslizado por el forro de su uniforme – dijo la mujer de Bautismo -, y la veía expuesta en las vitrinas del cielo, porque pretendía tener allí cómplices. Cuando perdió su empleo, comprendí que Bautismo había sido sólo un sueño de injusticia de un pueblo oprimido y, al despertar ese pueblo, no encontraría a nadie que llegara a soñarlo de nuevo

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– Machacanarices, rompehuesos, taladracráneos, extirpaorejas, sacaojos, arrancaombligos, cascadedos, rasgavientres y espigas, dardos y balas, ¿no es así? – dijo la mujer de Bautismo, sin dejar de reír.
– Eso es – dijeron ellos riéndose.
– Astilladientes, tronchacuellos, quiebraespinas, revientarriñones, descorchagenitales y abanicos, barras y tobilleras, ¿eso es? – dijo ella.
– ¡Sí, sí! – dijeron ellos, y la broma parecía muy de su agrado.

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En las películas, los agentes secretos se pelean – dijo la mujer de Bautismo – ¡Qué tonta he sido! Los agentes, de lo contrario dejarían de ser secretos. Por otra parte, se comportan estúpidamente, de lo contrario no motivarían películas.

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Si usted hubiera visto reír a Elena, me comprendería mejor. Se bebe en ella, como el dromedario de la caravana, por la sed pasada, por la sed presente y por la sed futura. Pero esto no le interesa, naturalmente. Yo sólo quería decirle que, después de todo, quizá merezca la pena haberla oído reír, aunque me haya convertido para siempre en un eco. […] Querer a Elena es encontrar un único testigo para nuestra existencia. […] Ya sé, le irrito. Cobardemente agazapado, como el niño en el pecho de la madre, prendido a los ojos de Elena, pretendiendo conjurar el caos, mientras la tierra gira a punto de desintegrarse, azotada por los hurracanes, sacudida por los terremotos, minada por el tiempo, sorteando astros, cabalgada por habitantes enloquecidos, ¡y yo sentado al lado de Elena en una cafetería! […] El contacto de sus manos – dijo Federico -. Las manos de Elena poblaban el presente de mentiras luminosas y las proyectaban, como una constelación de promesas hacia el futuro. Persuadían, ¿no es suficiente? […] Durante la película éramos felices, aislados del mundo, juntos, en la sala a oscuras, vivíamos de principio a fin la aventura que nos proponían y teníamos la sensación de que habían hecho avanzar el reloj de nuestra existencia común, y que nadie podía arrebatarnos ya el tiempo ganado.