Gorila en Hollywood: Los de abajo (1980), Gonzalo Suarez

Me levanté y me encerré en el cuarto de baño. Me sorprendió ver mi cara en el espejo y supongo que a la cara del espejo le sorprendería igualmente verme a mí. Ya lo dijo Pascal: « Dos rostros semejantes, que no tienen nada gracioso por separado, hacen reír juntos por su parecido. » Sin embargo no me reí. Un rostro como aquél era por sí mismo una pesadilla, ¿qué podía tener de gracioso ver dos iguales? Y yo « me veía » por dentro y por fuera, en reversible concordancia, como un calcetín al que se le da la vuelta para enfundarlo en el otro pie. No sé cuanto tiempo transcurrió mientras me contemplaba estúpidamente; mi vida entera se deslizó por mis pronunciadas orejas, mi pertinaz tristeza se columpió en mi nariz y todo se desvaneció de golpe y porrazo, con la rotunda certidumbre del bofetón.
[…]
Estaba ahora a cuatro patas y comprendí que era su culo lo que me recordaba a mi mujer. No exactamente el culo, sino los contornos del culo, algo así como si el culo tuviera un halo de santidad. Pues bien, el culo de mi mujer se asemejaba al culo de Isabel como el rostro de un santo románico al rostro de otro santo románico. Ignoro por qué extraña razón aquel cuarto de baño me traía indefectiblement a la memoria la frase de Pascal: « Dos rostros semejantes, que no tienen nada gracioso por separado, hacen reír juntos por su parecido. » Remedando la cuestión, « dos culos con semejante halo, podrían ser graciosos juntos, pero me producían tristeza por separado ».

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Enfances et adolescences dans le cinéma hispanique (2016), Bénédicte Brémard

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« Le cinéma actuel ne se contente donc pas d’offrir à l’enfant le rôle d’une victime suscitant empathie et compassion. C’est soit grâce à l’humour et l’insolence, soit grâce au recours à l’imaginaire que l’enfant va révéler sa capacité à résister à ce qu’on veut lui imposer. Sa spontanéité, assortie d’une marge d’impunité (parce qu’on le croit inoffensif), lui permet de mettre en avant l’absurdité du discours autoritariste (souvent dans un contexte de régime totalitaire). D’un autre côté, sa capacité à s’inventer des refuges, des mondes parallèles, lui donne aussi la force de résister à l’oppression: on rejoint alors l’univers du conte revisité, où les hommes sont pour l’enfant les pires des ogres. »

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(Images : El Sur (1983), Victor Erice)

El roedor de Fortimbrás (1965), Gonzalo Suárez

He pasado la tarde enseñándole a hablar. Previo examen meticuloso de sus órganos y a partir de lamentos inarticulados, he provocado ciertas frases coherentes que paso a registrar en este diario: « Las cuatro fases de la luna son mías« , « tengo la piel como dices del melocotón, y azúcar », « no estorbo y yo quiero, yo quiero », « díselo otra vez », « empiezo en ti, pero no acabo en « , « agua, por favor« .

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Hablaba del alma como de una medalla que se hubiera deslizado por el forro de su uniforme – dijo la mujer de Bautismo -, y la veía expuesta en las vitrinas del cielo, porque pretendía tener allí cómplices. Cuando perdió su empleo, comprendí que Bautismo había sido sólo un sueño de injusticia de un pueblo oprimido y, al despertar ese pueblo, no encontraría a nadie que llegara a soñarlo de nuevo

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– Machacanarices, rompehuesos, taladracráneos, extirpaorejas, sacaojos, arrancaombligos, cascadedos, rasgavientres y espigas, dardos y balas, ¿no es así? – dijo la mujer de Bautismo, sin dejar de reír.
– Eso es – dijeron ellos riéndose.
– Astilladientes, tronchacuellos, quiebraespinas, revientarriñones, descorchagenitales y abanicos, barras y tobilleras, ¿eso es? – dijo ella.
– ¡Sí, sí! – dijeron ellos, y la broma parecía muy de su agrado.

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En las películas, los agentes secretos se pelean – dijo la mujer de Bautismo – ¡Qué tonta he sido! Los agentes, de lo contrario dejarían de ser secretos. Por otra parte, se comportan estúpidamente, de lo contrario no motivarían películas.

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Si usted hubiera visto reír a Elena, me comprendería mejor. Se bebe en ella, como el dromedario de la caravana, por la sed pasada, por la sed presente y por la sed futura. Pero esto no le interesa, naturalmente. Yo sólo quería decirle que, después de todo, quizá merezca la pena haberla oído reír, aunque me haya convertido para siempre en un eco. […] Querer a Elena es encontrar un único testigo para nuestra existencia. […] Ya sé, le irrito. Cobardemente agazapado, como el niño en el pecho de la madre, prendido a los ojos de Elena, pretendiendo conjurar el caos, mientras la tierra gira a punto de desintegrarse, azotada por los hurracanes, sacudida por los terremotos, minada por el tiempo, sorteando astros, cabalgada por habitantes enloquecidos, ¡y yo sentado al lado de Elena en una cafetería! […] El contacto de sus manos – dijo Federico -. Las manos de Elena poblaban el presente de mentiras luminosas y las proyectaban, como una constelación de promesas hacia el futuro. Persuadían, ¿no es suficiente? […] Durante la película éramos felices, aislados del mundo, juntos, en la sala a oscuras, vivíamos de principio a fin la aventura que nos proponían y teníamos la sensación de que habían hecho avanzar el reloj de nuestra existencia común, y que nadie podía arrebatarnos ya el tiempo ganado.

 

Les « Dix de fer » de Gonzalo Suárez

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Mon impatience d’alors me poussa à proclamer que je ferais « dix films de fer » en réponse à la médiocrité d’un cinéma espagnol dont les tristes effluves empêchaient de s’émanciper de la morne réalité.

Avec Faust et Aoom je volai au-dessus du nid de coucou. La caméra à la main, sans scénario, improvisant chaque jour, je fustigeai l’écran à coups de pinceau, à la manière du peintre impressionniste qui poursuit l’éclat de l’instant. Probablement ce n’étaient pas des films, mais bien des bribes d’un cinéma impossible, hors de toute norme, qui mettaient en évidence l’impudeur et la joie de tourner.
Je me souviens qu’en plein tournage de Faust (1969) l’on décréta l’Etat d’Exception. Défiant le couvre-feu et le sens commun, nous éclairâmes insolemment une terrasse d’où l’on dominait la ville. Je sautai par les toits, entre les cheminées. Rien ne pouvait se comparer à la sensation de fronder impunément la sordidité franquiste sans autres armes qu’une caméra et la force de l’imagination.

Gonzalo Suárez

Historias sin argumento, el cine de Pere Portabella : Derivas militantes, Casimio Torreiro

Así como no se suelen encontrar testimonios sobre observaciones de Franco respecto de los libros que, es de suponer, leía, o leyó en su etapa formativa, hay referenciadas en cambio numerosas anécdotas que hablan del gusto del dictador por el cine, que se hacía proyectar justamente en esa sala. Y de entre ellas, tal vez la mejor sea la que le tiene a él y al propio Saenz de Heredia durante el pase del hagiográfico documental Franco, ese hombre, una contribución del realizador – y del aparato propagandístico del Régimen, de paso – a los llamados « XXV Años de Paz » . Tras contemplar las rimbombantes, altisonantes imágenes del filme, a Franco solo se le oyó un escueto : « Demasiados desfiles».

Rocabruno bate a Ditirambo : El oso de Riverdale (1966) – Gonzalo Suárez

Se va a desnudar – insistieron -. Uno de nuestros compañeros tiene veleidades artísticas. ¿Ha visto usted una película titulada « Goldfinger »? Pues bien, vamos a pintarle con purpurina dorada de los pies a la cabeza. La pintura impedirá que los poros de su epidermis puedan respirar y ello acabará provocándole una hermosa muerte. Todos tenemos interés en comprobar estos sistemas divulgados por el cine. En caso de que no diera el resultado apetecido, tendríamos que volver a más toscos y eficaces procedimientos.